Últimos días de training camp por Benasque y había quedado con Pablísimo para hacer alguna cosita. Desde hace bastantes días tenía en mente intentar hacer la cresta integral desde la Tusse de Remuñé al Boum, pasando por el Maupás, lo que se denomina Cresta del Maupás o su arista Este. Escalada estética, vivac e incertidumbre; Pablísimo compra el plan.

QUID PRO QUO
Como sucedió en nuestra última reunión de “conscientes inconscientes“ en Bujaruelo, Pablísimo quiere dar una vuelta exploratoria en moto aprovechando el viaje. A diferencia de la última vez, lo acompañaré porque me apetece adentrarme en ese mundo y porque tenemos 2 cascos oficiales, jeje. Pablo me instruye a mi; yo a él. Quid Pro Quo.
Llega a Castejón mi compañero de aventuras para cenar en la furgo. Menú: una tortillica de patatas riquísima que había cocinado su madre para el viaje. Así fue, puesto que tuvo que pasar por casa de sus padres (y de los míos) en Zaragoza a coger algunos bártulos para estos días.
Cenamos y charlamos sobre como el sistema o la cultura actual nos empujan hacia una vida rutinaria (respetable) para la que quizá ninguno de los dos estamos preparados todavía. Van pasando años y personas a nuestro alrededor y parece que seguimos sintiendo el mismo fuego interno de tratar de hacer arder la llama de la incertidumbre.

Fantaseamos con posibles viajes a Sudamérica de moto-alpinismo. Rutas hippies. Vidas auténticas únicamente definidas por el hedonismo y la falta de perspectiva de futuro ya que, al estar tentados frecuentemente a jugar con fuego, no creemos tenerlo muy definido o, al menos, previsible.
Nos despertamos con la calma y echamos un pozal de café con otro pozal, acorde al anterior, de revuelto de huevos con cerdo (sin huevos). Preparamos los bártulos y partimos rumbo a Laspaulés, donde habíamos visto algunas pistas que parecían entretenidas de pilotar.
Llegamos a Laspaulés y preguntamos si había algo chulo que visitar. Un señor muy amable nos recomienda un parquecito temático en honor a las brujas quemadas allá por el siglo XVI. Marchamos, a veces por carretera; a veces por pista, y llegamos al lugar, dando alguna vuelta que otra.

El sitio es curioso. Nos entretenemos leyendo los carteles sobre la caza de brujas y sobre el gigante Atlas. Buscamos las siluetas de animales ocultas y nos sacamos la típica foto de rigor con la cara metida en unas brujas mientras nos frotamos los pezones.
Dejamos el lugar y decidimos subir a la pista de despegue de los parapentistas. También damos alguna vuelta que otra y por fin llegamos. Lugar que me despierta gratos recuerdos del vuelo en parapente hace más de una década. Volar en solitario es una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida. Ojalá un día pueda volver a hacerlo…

Cotilleamos y observamos el paisaje pero se nos hace tarde. Tenemos que volver a comer y a ver la clasificación de MotoGp, que Pablo no perdona, jaja. Comemos y terminamos de preparar el material para, al acabar, partir con la moto y los mochilones rumbo al parking del valle de Remuñé, desde donde inicia nuestra ruta. Miro por última vez las reseñas de la ruta.
Casi toda la gente que hace esa cresta la hace desde la Tusse de Remuñe hasta el Maupás y luego bajan por la cara norte y suben al Boum. La gente sin experiencia en crestas no llegan ni al Maupás, puesto que parece que el pico Navarro ya hace de filtro con un par de pasos de escalada y algo de exposición.
Sólo encuentro un par de reseñas que hacen el tramo del Maupás al Boum y lo hacen en sentido contrario. Sólo una en el sentido que nosotros queríamos y hablan de muchos rapeles, mucho ambiente y funambulismo. Poca info. Eso no mola pero sí que mola. En fin, si nos vemos con ganas la afrontaremos entera y sino, haremos el clásico flanqueo para llegar al Boum.
APROXIMACIÓN Y VIVAC HACIA LA CRESTA DEL MAUPÁS
Comenzamos a andar en torno a las 17:30. Vamos con tiempo suficiente para llegar al ibón. No tenemos prisa y podemos centrar nuestros esfuerzos en no sudar e hidratarnos bien. Escondemos los cascos de la moto tras una piedra gigante, por si acaso. En un momento pensé en que molaría hacer la cresta con esos cascos, aunque no sería demasiado funcional.
Andamos tranquilos. La aproximación es muy cómoda y en poco más de una hora y media nos plantamos en la zona de vivaqueo de los ibones. Como el año pasado estuve tratando de escalar la Céreza-Comet al Maupás, conocía el vivac al que quería ir.
Por el camino, nos cruzamos con un par de parejas con las que intercambiamos algunas palabras. Una de ellas había hecho el Boum y nos dijo que para bajar, mejor destrepar que hacer los rapeles por si acaso había enganchones de cuerda. Con sólo una cuerda en doble un enganchón ya sería mucha mala suerte, jeje.

Al llegar a la puerta del vivac, vemos que dentro hay un hombre apalancado en el sitio bueno. De primeras, nos comenta la existencia de otros vivacs por alrededor y también nos ofrece compartir ese. El año pasado dormimos 3 personas bastante bien. Esta vez lo vi bastante apretado. Desconozco el motivo. Igual he crecido, aunque tener varios discos intervertebrales chafados creo que tiene el efecto contrario.
Exploramos los otros vivacs y tras no molarnos mucho y, como nos gustaba la idea de compartir vivac con otro montañero, nos metemos los 3. Por suerte, ese vivac tiene otro compartimento adicional con el que pudimos repartirnos mejor. Alfons, nuestro compañero de noche, sólo nos dio facilidades para acomodarnos lo mejor posible.

Nos acomodamos mientras Alfons nos cuenta que él iba a ir al Boum y que hace unos años no había podido subir al pico Navarro porque debía haber un paso bastante perro o expuesto. Montañero de toda la vida y ex-presidente del club de montaña de su tierra, nos pareció curriculum suficiente como para tener su info en cuenta.
Preparamos la cena (gñokis con albóndigas) e invitamos a Alfons a ver el documental sobre Juanito Oiarzabal que Pablísimo se había descargado en el móvil. Ahí estuvimos viéndolo los 3 hasta que el orín y el frío acabaron por llevarnos al saco. Fue un bonito y agradable momento entre generaciones. Creo que Alfons pensaría que éramos unos frikis y un poco chalados pero buena gente.
La noche fue espectacular. No se veían muchas estrellas cuando nos fuimos al saco, pero la luna llena estaba preciosa. Iluminaba todo el valle y, de hecho, cuando salimos a echar un meo no se necesitaba apenas luz adicional. Menuda fortuna no tener un techo definido para apreciar estas cosas.

APROXIMACIÓN A LA CRESTA DEL MAUPÁS
A posteriori diré que nos despertamos demasiado tarde para la empresa que teníamos por delante. 6:00a.m. Desayunamos café con galletas y echamos a andar a las 6:45a.m. Ya comienza a acortar el día y todavía vamos con frontal. Sólo teníamos uno, jeje
La subida hasta la Tusse de Remuñé tiene poca pérdida. Leí que había una subida más directa pero vamos a lo seguro. Hace bastante fresco y, sobre todo, viento. Eso no mola para crestear y hacer bien de hipotéticos rapeles.

Vamos parando a beber y coger agua en varios puntos. También picamos algo y echamos un cagarro. Cualquier clase de galletas en el desayuno creo que es un desastre gastrointestinal, pero son baratas. En un par de horas alcanzamos el collado desde el que ya se divisa buena parte de la cresta.
Subimos el picacho que se aprecia en la última fotografía subida en el post, pero casi en la cima nos damos cuenta de que no es la Tusse de Remuñé, que está más lejos. El track me confirma la jugada. Vaya fail. Añadimos unos 70m de desnivel positivos así de gratis, que nunca vienen mal de cara a nuestra salud cardiopulmonar.
Ahora sí, bajamos y seguimos la jugada correcta. Continúa haciendo mucho viento y frío y Pablo me confirma que, aparte de no haber cresteado nunca y andar pez en el manejo de cuerda para estas situaciones, tampoco está muy actualizado en el tema de los rapeles, jeje.
Como casi eran las 10:00 a lo que íbamos a hacer la primera cima del día, decidimos tomárnoslo con “relativa” calma y hacer una jornada de pirineismo con varias cimas y practicar con calma el noble arte del cacharreo, encordamiento, rapeles… Ya le daremos cera a la cresta entera en otra ocasión, que no se va a mover de ahí.

CRESTA DEL MAUPÁS, AL MENOS EL PRIMER TRAMO
Coronamos el primer 3000 del día y paramos a echar un bocao tranquilamente. Nos colocamos arneses y material y vamos al pico Rabadá, para el que no hace falta encordarse. Una vez en el pico Rabadá, segundo 3000 del día, comenzamos la práctica.
Le explico a Pablo como colocarse la cuerda, los cierres de aros y los nudos básicos. Recoger y dar aros de cuerda ya para otro rato. Empiezo a progresar hacia el pico Navarro, lazando rocas, metiendo algún friend y centrándonos en la distancia de cuerda y en hacer las cosas con seguridad. Al pico Navarro, tercer 3000 del día, hay uno o dos pasos un poco más complejos y expuestos. Nada grave pero que ya hay que andar con ojo.

Uno de ellos tenía un clavo poco útil a mi parecer. Algo es algo y siempre se agradece, obviamente. Nos turnamos Pablo y yo y hacemos un mini-largo para practicar. Poca complejidad. Pablo resuelve bien, lazando rocas y metiendo algún cacharrete e incluso algún fisurero que llevábamos.
Vamos bastante rápido. Otra cosa no pero escalando Pablísimo tiene poco problema, jeje. La escalada en autoprotección no le va mucho, pero ya se subirá por sitios más expuestos explorando otros terrenos, jajaja. A veces el material, aunque da seguridad al utilizarlo, igual te puede dar la sensación previa de que las cosas puedan ser más difíciles de lo que luego serán.

Avanzamos rápido. La cresta del Maupás tiene poca pérdida y pocas posibilidades de flanqueo. Crestear por el punto más alto de la cresta casi todo el rato. Al finalizar la parte más horizontal, nos reagrupamos para pasarnos material y salgo yo por si hubiese que hacer algún mini-largo o algún rapel no previsto de cara al tramo del Maupás.
Se baja bastante bien, con algún paso de destrepe de echar espalda o manteleo invertido. Sin más. Le empezamos a dar velocidad al asunto y en unos minutos nos plantamos en el collado antes de lo que parece un poco más complicado.
Por fin encaramos la recta final de la cresta del Maupás. La verdad es que este tramo no es complicado tampoco. Tiene un par de pasos un poco más curiosos. Uno de esas típicas bavaresas expuestas que se pueden proteger bien y otro de una placa tumbada lateral un poco más fina de buen canto de manos y pies en adherencia. Nada complicado pero ya filtraría a muchas personas que igual no han hecho actividades así o, al menos, escalado un poco.

Los últimos bastantes metros son de andar y nos los quitamos casi al sprint. ¡Coronado el 4º tresmil del día! En la cima nos cruzamos con una pareja de catalanes muy simpáticos que nos hacen una foto cimera y nos señalan un poco la bajada inicial hacia la vertiente francesa/norte del asunto.
Como tampoco tenemos otra reseña ni guía ni nada, haremos la rotonda hacia el pico Boum y buscaremos los rapeles para bajar. Poco tiempo que perder así que plegamos cuerda y vamos de bajada hacia un gendarme/collado que se ve a la izquierda, antesala del famoso “mal pass” o “paso malo“.

Comenzamos a bajar por una especie de canal siguiendo los hitos bastante bien. Al llegar al colladete, unos chicos franceses nos señalan la dirección de la bajada. Se ve bastante bien y comenzamos a bajar, echando manos un par de veces hasta llegar a pie de ladera.
Supongo que ese será el paso complicado. La verdad que complicado no es pero bueno. Desde aquí seguimos lo más recto posible intentando no perder altura. Nos separamos del track cientos de metros pero se va haciendo bien. El objetivo es la vertiente Este del pico Boum. Al ir avanzando se intuye que por el colladete anterior (Oeste) no se podría subir andando.
Vamos avanzando viendo el trozo de cresta que no hemos podido hacer. Tiene un pintón bien guapo y desde abajo se ve bien afilada y con varios gendarmes que, posiblemente, haya que rapelar y/o escalar. Hicimos bien en no darle porque, desde luego, no hubiésemos ido tan ágiles como debiéramos.
Por la cresta no, pero andando empezamos a tirar millas a toda velocidad. En poco rato nos plantamos en la canal que nos dará acceso al pico Boum y empezamos a subir a buscar el collado más evidente que da vistas al valle de Remuñé. Una vez arriba en el collado no encontramos nada así que, dedujimos que la instalación oficial de rapel estaría al otro lado del pico, cosa que confirmo con unas capturas de pantalla que llevaba en el móvil.
Giramos hacia la derecha a buscar los hitos del camino oficial del Boum y en nada estamos “en ruta”, según el Garmin. Progresamos y la verdad que aquí sí que vimos un par de pasos más expuestos de lo esperado y una escaladita a la cima por un diedro-bavaresa para salir a la cima que le dio picante al asunto. No sé si era la entrada “oficial”, pero por donde accedimos nosotros había que tirar de brazos.
Ni en todo este tramo ni en la cima hicimos fotos ni nada así que dejo un video de Pablísimo tocando la armónica en la furgoneta para amenizar el texto.
BAJADA DEL PICO BOUM
Desde la cima del Boum buscamos una canal por roca rotilla que sale en dirección Oeste, hacia el Maupás. Hay varias opciones. Creemos que lo mejor es ir bastante adelante e ir girando hacia la izquierda. Más o menos serían unos 20-30 metros.
En ese punto, comenzamos a bajar por roca rojiza descompuestilla viendo algún hito a lo lejos que fuimos a buscar. Creo que nos columpiamos un poco e hicimos un pasete algo “complejo” y expo que solventamos bien.
Pasamos una cinta con un nudo empotrado a una roca en bastante mal estado que traté de sacar. Supongo que la usarían para asegurar eso pero vamos, yo no lo haría. Avanzamos como unos 30-40 metros en total y vemos la primera instalación de rapel. 3-4 cordinos (alguno reciente) con un par de maillones (uno reciente).
Aunque llevábamos mucho material de abandono, no cambié nada porque a veces es dejar más basura que otra cosa. Lo que había estaba bastante bien como para cortar algún cordino. Montamos el rapel con la cuerda de 60. En recto se saldría al vacío volado. Me parece raro así que rapelo hacia la izquierda (mirando hacia abajo. Derecha, según vas rapelando).
Como a unos 25-28 metros de cuerda se llega a una repisa (donde hay hitos) que tiene un parabolt con un maillón. Voy a por él y me grapo para que baje Pablo. El rapel es la dirección para que salga la cuerda limpia y, para ser más concreto, como la segunda repisa evidente.
Baja Pablo sin problemas. Le aseguro la cuerda por si acaso. Montamos el segundo rapel y ya se llega hasta el pie de pared sin mas problema con 2-3 metros sobrantes de cuerda para echar a andar. La cuerda sale bien tanto en este rapel como en el primero. Con una cuerda o con dos (y nudo de unión) creo que es mejor rapelar y quitarse de malabares por roca descompuesta y quebradiza. No sé porque los chicos nos recomendaron rapelar y citaron un destrepe. Supongo que sería porque su cuerda no sería de 60m.
Sin más. La bajada a pata desde aquí sí es freestyle. Seguir los hitos quien pueda pero hay que estar al loro. Nosotros fuimos hacia la derecha y luego hacia la izquierda más o menos por donde nos marcaba el track, pero jabalineamos constantemente por donde nos parecía mejor.
En todo momento había varias opciones. Hicimos algún destrepe majo por no retroceder pero ya se va intuyendo la bajada a medida que se va haciendo y se va recuperando terreno hacia la izquierda hasta comenzar a ver los ibones de Remuñé y, posteriormente, el vivac.
En una hora y media o poco más llegamos al vivac. Para nuestra sorpresa, vemos a Alfons echando la siesta metido en el saco, jajaja. ¡Qué máquina! Nos cuenta que ha subido al Boum, ha hecho los rapeles y ha bajado bastante bien siguiendo los hitos, no como nosotros. Son casi las 17:00p.m. y ya estamos echando la merendola final, jeje. ¡Barrita de cerdo al buche!

Rehacemos las mochilas y rápidamente ponemos rumbo hacia la moto que, aunque no tenemos mucha prisa, Pablo tiene que ir a Zaragoza o hasta Moros. Al cambio unos 300km tranquilamente. Empezamos con calma pero enseguida le empezamos a poner ritmo al asunto. Nos plantamos recogiendo los cascos del escondite un poco pasadas las 18:00.
Pillamos la moto, que seguía en su sitio, y rodamos hasta la furgo donde echamos un cafelo y comemos un bocata y ya nos despedimos hasta la siguiente aventura. Como siempre, da igual qué hacer o no hacer (obviamente mejor en la naturaleza) que con Pablísimo siempre todo es auténtico, no como el aceite de la lata de sardinas que nos comimos que nos habrá restado algún año de esperanza de vida pero para qué queremos tantos si lo que queremos es vivirla ahora y aprovecharla, que estamos a tope de nuestras posibilidades y todavía despiertos en el país del nunca jamás.
Coordinador de Climbinglaboratori. CCAFD. Investigador en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte: Rendimiento y Prevención de Lesiones en Escalada Deportiva. Director Técnico y Deportivo del Club de Escalada y Montaña Los Mallos.

Como siempre, un placer leer estos relatos y fantasear creando imágenes de un sitio en el que no he estado como si de una IA se tratara. Método!
Que bueno, vaya aventura más maja….Que bonito lo cuentas ,enhorabuena 😉