Tras posponer la actividad por la meteo (que finalmente no fue para tanto) y tener que hacer una kilometrada en sustitución, nos dirigimos (otra vez) hacia Coronas con intención de hacer la cresta de Llosás y, quizá, finalizar las subidas clásicas al Aneto (lo cual me da absolutamente igual).

PREPARATIVOS
Planteaba hacer la cresta con Sofía, ya que subía a Benasque después de pasar unos días con sus colegas en la playa, pero como Isaac me dice si me apetecía darle a la cresta para que practicase la cuerda corta, unifico el plan porque a todas nos parece bien y tiene pinta de buen día de disfrute.
Preparo todo el material que me toca y estudio bien las reseñas (los rapeles, más bien). Sofía me dice el día de antes que le ha bajado la regla así que irá cambiándose de tampón. Mejor, así Isaac y yo podremos llevar pañal para mearnos encima e integrar a Sofía en la cordada.
Fuera de bromas, durante la cresta pensamos que lo del pañal no es una mala idea para vigoréxicos. Habría que estudiar bien las posibles rozaduras que te haría y comprobar el ratio comodidad/heridas. Quizá alguna marca buena lo haya pensado; igual ArcTeryx.
APROXIMACIÓN A LA CRESTA DE LLOSÁS
Nos levantamos Sofía y yo en la furgoneta madrugando bastante. Voy preparando el desayuno sin remolonear ni un minuto (al menos yo, jeje). Comemos tranquilos todavía porque Isaac me escribe que justo está saliendo de Boltaña y es, aproximadamente, 1 horita de viaje.
Salimos dirección Senarta con un poco de fresquito y en 10 minutos estamos aparcados esperando a Isaac con el material ya preparado. Al poco, veo unas luces (que se parecen a las de un taxi) a los lejos y aparece nuestro compi así que partimos rumbo a Coronas sin más dilación.
Llegamos al Refugio de Coronas con las primeras luces del día y viramos a toda velocidad hacia los ibones de Coronas. Subimos rápido a ver si con suerte podemos librar del sol hasta la cresta, que además hace bastante calor. Yo rompí a sudar como un cerdo.
Además, comenzábamos a tener que ir con algo de prisa porque la rueda del coche de Isaac estaba pinchada, lo cual vimos al aparcar e íbamos a tener que (mínimo) cambiarla por la de repuesto sino también arreglar la original.
Andamos y en hora y media o poco más, estamos casi a pie de canal de acceso a la Cresta de Llosás, también llamada Brecha Inferior. Es bastante evidente la entrada. Tiene como dos conos o canales, entrar por la de la izquierda. Nosotros vimos a lo lejos una cordada de 3 personas subiendo así que tuvimos fácil identificar el acceso.
Al lado de la entrada, paramos a cargar y beber algo de agua. De hecho, llevábamos el agua justísima para la aproximación ya que un par de días antes vine por aquí y estuve zarceando eso mismo. Isaac aprovecha para cagar y Sofía para cambiarse el pañal. Yo debería haber forzado la maquinaria también.
Aprovechamos la coyuntura para ponernos los arneses y dejar las mochilas ya operativas para sólo tener que sacar la cuerda arriba ya en la cresta. Continuamos por unos bloques grandes y en 15-20 minutos estamos casi arriba dispuestos a enfilar los últimos tramos de canal con vistas a la primera aguja y 3000 del día: la Aguja Argarot Sur.
CRESTA DE LLOSÁS
La cresta en sí, digo yo, comenzaría en la Aguja Argarot Sur. Llegar a ella consiste en subir andando por una canalilla algo gravosa y echar un par de manos sin más. Llegar arriba por la vertiente de Coronas y subir al punto más alto. La siguiente aguja, la Argarot oficial tampoco tiene ningún misterio. Nosotros nos encordamos para que Isaac comenzase a practicar la cuerda corta.

Creo que hasta aquí, hay senderistas (personas que no realizan pasos verticales o conocen maniobras básicas de cuerda y aseguramiento) o coleccionistas de tresmiles que suben tranquilamente sin problemas, sin tener que hacer la cresta de Llosás al completo.
Tras superar esta aguja, había previsto un posible rapel o un destrepe zancochero. Realizamos el destrepe resbaladizo medio asegurados por Isaac mientras Sofía y yo bajábamos. Una vez llegados a una plataformilla con un cintajo, por no estar sin hacer nada, aseguré rápidamente a Isaac con el reverso y un reenvio.
Le explicaba a Sofía (que era su primera cresta), que en escalada de alta montaña o crestas/aristas nunca uno de los miembros está quieto. Siempre hay algo que hacer desde asegurar o prever el dar o recoger cuerda, meter un cacharro rápido, mirar un croquis o alimentarse/hidratarse o tenérselo preparado al compañero cuando llegue.

Comenzamos a avanzar y hacemos el flanqueo por la izquierda de la aguja Tchihatchieff, tercer tresmil del día. Creo que avanzamos más de lo debido porque nos metimos por un placa descompuesta donde tuvimos que hacer un mini-largo (sin excesiva dificultad pero ya había que ir tirando de manos rollo IV/+ en roca MUY dudosa). Aquí creo que es el único punto donde tuve que hacer fuerza con la mano derecha.
Al llegar arriba Isaac recibe una llamada que hace que decidamos salir por la brecha superior. No podía llegar muy tarde por motivos laborales, por motivos personales y aún teníamos que cambiar una rueda de coche. A ninguno de los 3 nos importaba mucho llegar o no al Aneto y el resto de la cresta sin más. Ya la haremos otra vez, así tenemos excusa para volver.

En este punto y en esta situación empezamos a aflojar un poco el ritmo y a relajarnos. Tanto relajo que me da un durísimo retorcijón y tengo que cagar inminentemente un pelín apartado de la cresta.
Hicimos lo “duro” y vamos bien de tiempo así que vamos viendo (y, en ocasiones flasheando con mis croquis del móvil) a la cordada de delante, a la cual ya pisábamos los talones desde hace rato y, tras coronar la aguja, vamos a buscar el rapel de 30 metros.

Tenía fotos y la reseña perfectamente explicada de los rapeles. Uno desde la punta de 38-40 metros recto hasta el collado y otro, más a la derecha, de unos 30 metros en el que había que pendulear hacia la derecha buscando una repisilla.
Fácil de hacer. Pensaba que era un péndulo rollo el de la Rabadá-Navarro en el Urriellu, jeje. Eso sí, la cuerda de 60 metros llega justísima (sobran uno o dos palmos) así que hay que andar con ojo. Rapelamos y nos reorganizamos abajo. Aquí ya me encuerdo en modo ensamble para afrontar el tramo final de cresta.

Este último tramo hasta la Aguja Franqueville y hasta la brecha Superior no tiene mayor misterio que tirar de brazos en algún bloque y hacer algún fondo de tríceps para destrepar algún otro. Poca cosa. Entre bromas, como siempre, vamos avanzando y en un rato, ya hablando con los compis de delante, llegamos a la Brecha Superior de la cresta de Llosás.
Aquí, el croquis me marcaba un rapel de 20 metros y otro de 30 metros para coger el escape hacia Coronas. Nos preparamos y damos por concluida la cresta y la práctica de cuerda corta de nuestro compañero de cordada.

La verdad es que no comprendo muy bien como puede haber gente que haga una cresta en este formato con un guía. Supongo que buscando una experiencia guapa y esas personas tendrán un contexto que desconozco y no juzgo. No se me malinterprete porque cada quien puede hacer lo que le venga en gana y, obviamente, mi visión está totalmente sesgada porque poseo las capacidades y habilidades para hacer estas actividades por mi cuenta.
Dicho eso, para mi creo que, parte de lo emocionante de una aventurilla así es desempeñar un papel “relevante” en la aventura. Hacer actividades en progresión. Formarse para tener autonomía y seguridad. Explorar un poco la incertidumbre y la posibilidad de sentir cierto discomfort o incluso miedo. Bordear la zona de aprendizaje y salir de esa famosa “zona de confort”. Esto es el sinónimo de aventura.
Para mi eso es la montaña y la escalada: hacer actividades cada vez más complejas, difíciles o duras. Entrenar para ello. Formarse para ello. Buscar el límite o la excelencia porque nunca los vas a alcanzar pero puedes ir viendo como avanzas y haces cosas que a ti mismo, echando la vista atrás, te impresionan y te parecen increíbles, aunque tu techo sea un quinto. Que más da.

FINAL EN LA BRECHA SUPERIOR DE LA CRESTA DE LLOSÁS
Llegamos a la brecha superior y alcanzamos a nuestros compañeros de la cordada de 3 de delante. Paran a comer y luego harán los rapeles. Decidimos hacer lo mismo pero a la inversa. Montamos el primer rapel de 20 metros hasta el evidente collado, donde ya vemos otra instalación de rapel consistente en unos cordinillos con maillón.
Desde arriba no parece que el siguiente rapel sea de 30 metros pero lo es. Rapelamos los 3, poniendo un nuevo cordino de kevlar y cortamos un cintajo pocho despeluchado que no pudimos desempotrar del todo.

Desde el collado, tiramos de cuerda y la pasamos por la siguiente instalación. Añadimos también otro cordino y cortamos otro bien pocho. Parece que no pero el rapel te deja en unas terracitas cómodas con los 30 metros. Luego has de bajar con cuidado por otras repisitas hasta, digamos, la base de la cresta.
Rapelamos los 3 teniendo cuidado de no tirar nada abajo porque el terreno es descompuestillo y nos vamos apartando a la derecha según caes para comer e hidratarnos ahí mismo.
Tras comernos 2 de los 3 fuets que cargaba, comenzamos la eterna bajada por Coronas. Recomiendo encarecidamente coger el sendero que sale a la derecha una vez llegas al ibón inferior. Tiene menos bloques de piedra y más senda de tierra negra (mejor para los pies) y más sombra también.
En 2 horas y cuarto o poco más llegamos al Refugio de Coronas y emprendemos la bajada hasta Senarta, donde teníamos el coche para luego ir a echar un refrigerio al bar Aragüels en Benasque. Antes de eso, nos tocó cambiar la rueda del coche de Isaac, que debió tener un reventón en los instantes finales, porque la llanta tocaba el suelo. Un poco de crossfit para acabar la jornada, desenroscando unos tornillicos bien oxidados, nunca está de más que al final en una cresta haces poco tren superior.

La verdad es que la cresta de Llosás está guapa pero me pareció bastante más fácil de hacer y de seguir que otras (aunque es verdad que flanqueamos la placa fisurada de la Aguja Tchihatchieff para no forzar demasiado la mano) como la de Cregüeña al Maldito o la Costerillou al Balaitous y, obviamente, la Salenques al Aneto.
Aunque el corpo ya me pide escalar, dicho esto, siempre en buena compañía, no me canso de surcar estos valles y hacer actividades en “alta” montaña. Como diría el famoso librepensador Sergio Rodríguez alias Sho Hai, “la vida es una atracción de feria y yo un niño”.
Coordinador de Climbinglaboratori. CCAFD. Investigador en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte: Rendimiento y Prevención de Lesiones en Escalada Deportiva. Director Técnico y Deportivo del Club de Escalada y Montaña Los Mallos.
