Hace tiempo que no me junto con Pablísimo. No estamos pudiendo coincidir entre sus aventuras moteras y trabajo en las brigadas anti-incendios y mis aventuras alpinísticas y trabajo semanal en el refugio. Aprovechamos esta ventana de 3 días, puesto que no tengo que ir a trabajar y se nos facilita el plan. Le comento de subir un par de picos, los Gabietos, haciendo vivac por las inmediaciones del Puerto de Bujaruelo y el plan le parece perfecto.

Siempre estoy feliz de poder compartir tiempo con Pablísimo, primero, porque me lo paso bien y, segundo, porque es una persona (quizá de las pocas) de la que aprendo (y envidio) la capacidad que tiene de volar, de imaginar, de ser un niño. Para mi es un gran amigo: sin tapujos, sin medias tintas, sin guardarnos nada.
La idea era juntarnos en la explanada de Planduviar el Jueves por la tarde-noche. Revilla y el Valiente también subían a Bujaruelo (a trepar) y era un buen punto de partida para vernos los 4. Revilla que está “missing in action” salvando post-adolescentes de un posible futuro laboral catastrófico a base de ponerlos a hacer proyectos de electrónica en la FP, echando más horas que un reloj de bolsillo. Al Valiente lo veo más aunque sigue dedicado a la obra de su futura casa.
Yo iba desde Zaragoza porque tenía revisión de la mano esmochada y comida familiar aprovechada a su vez para auto-trasquilarme el pelo sin mucha maña; Pablísimo acudía desde el pueblo ya que tenía retén nocturno y quería dormir un poco, aunque pasaría por Zaragoza a comprar y hacerse una cresta punk.
Nos encontramos en la furgo y charlamos un ratón para ponernos al día y divagar sobre cómo fluye la vida. También sobre la importancia que le damos a las cosas que se escapan de nuestro control además de debatir sobre qué haríamos (y qué dicen las diferentes religiones) en caso de toparnos con una persona que nos hace pasarlo mal: ¿poner la otra mejilla o dar justicia cualquiera que sea?
Preparamos una cena contundente, vemos 5 minutos el partido de España sin mucho interés y nos echamos unas buenas risas antes de ir a dormir. Al día siguiente yo tenía que hacer gestiones por correo y estudiar un poco así que Pablísimo iba a aprovechar para hacer una rutilla en moto (que acabarían siendo casi 200km cruzando un par de valles, jajaja).
APROXIMACIÓN A GABIETOS
Llegado el día, hago las gestiones y Pablo va en moto hacia el mirador de Ordesa. Como intuyo que se le alargará la jornada, voy preparando material, comida y un track aleatorio de una ascensión cualquiera a los Gabietos. No voy del todo fresco ya que aún me dura la resaca de la actividad en Peña Telera un par de días antes.

Comemos y vamos hacia Bujaruelo a eso de las 16:30p.m. La mejor (y casi única opción) es ir en la moto los dos por no mover la furgoneta y porque tenía la bici pinchada. El problema, porque siempre tiene que haber alguno, es que sólo había un casco homologado. Preguntamos al Valiente pero nada.
Decido ir con el casco de escalada (el mismo que uso para la bici por no llevar 20 cascos diferentes en la furgoneta) y asumir la consiguiente multa en el caso de encuentro con las autoridades. Como vamos a ir despacio, no excederemos la velocidad que yo mismo puedo alcanzar con la bici así que, en caso de caída, la homologación sería para, prácticamente, lo mismo.
Una vez en Bujaruelo, entramos a informarnos del estado de la ruta a los Gabietos, a dejar el casco y preguntar dónde aparcar la moto para que no moleste. Una chica muy simpática del refugio llamada Adriana, que Pablo ya conocía, nos soluciona todo en un momento así que, oficialmente, estamos preparados para echar a andar.
Comenzamos a subir a eso de las 18:30 con la calmita y bastante calor todavía. En poco tiempo rompemos a sudar y bebemos agua abundante, ya que por arriba tendríamos opciones de recogida. El camino hasta donde pensamos echar los sacos es corto pero empinado y con pocas opciones de cobijo sombrío.
Subimos con la calma y en poco más de una hora, estamos llegando a nuestro objetivo y, como habíamos visto en el mapa, hay una caseta para refugiarnos de la niebla, el viento y la humedad, puesto que llevábamos sacos de -12º y se iban a empapar. ¡Buena jugada!

VIVAC EN CASETA DE LAS ELÉCTRICAS
Una vez inspeccionada la caseta, dejamos todo y nos damos cuenta de que hemos olvidado algunas cosas (relativamente) importantes. Un arnés y algo para fumar viendo las estrellas por la noche, jajaja. El arnés no es imprescindible y podemos hacer uno con de emergencia con un cintajo así que no problem. Por lo otro hay más problema y Pablo decide bajar hasta la moto en Bujaruelo ya que todavía es pronto mientras yo preparo camas, material y cena.
Monto todo, inspecciono la zona, cojo agua, charlo con un par de montañeros que iban a dormir en la tienda en la explanada y hablo con el Valiente (hay cobertura). Tras una hora y media y otros 600m de desnivel, aparece Pablo y como lo he visto llegar a lo lejos y he tenido tiempo, cenamos un poco de pasta fresca y unas latas de sardinas y albóndigas. Realizamos las pesquisas siguientes y a dormir, que la idea es madrugar bastante dejando la mochila grande y el material de vivac en la caseta.
Abrimos el ojo a eso de las 5:00a.m. meamos y el viento sopla muy fuerte. Decidimos esperar una horita y salir con luz, que además a esas horas el viento tiende a aflojar. Acertamos con la decisión y desayunamos café con leche y galletas de marca blanca del Carrefour. Posibles pedos deshidratados, ya que a cambio de escapar del viento, salimos a las 7:30a.m. y tocará pasar algo de calorsito.

COMIENZO DE LA RUTA A LOS GABIETOS PROPIAMENTE DICHOS
Echamos a andar, cogemos agua nuevamente y decidimos ir directamente por la pedrera, en vez de llegar hasta el Puerto. China-chana vamos subiendo. La verdad es que es más asequible de lo que parece desde lejos. Poco a poco llegamos hasta un colladete cruzado por el riachuelo de agua de deshielo que desemboca en la cascadita de la que hemos cogido agua abajo.
Paramos a picar media barrita y taparnos del sol. Siguiendo el camino marcado y los hitos (aunque a veces cuesta verlos), comenzamos nuevamente a subir hasta llegar a otro collado/debilidad del muro, que nos sitúa en la otra vertiente del valle. Vamos cresteando subiendo y bajando por la vertiente derecha en dirección a lo que ya se intuye como los Gabietos.
Tras un buen rato, echando alguna mano, llegamos a otro colladete donde ya empieza la cresta final a las cimas, como tal. En este trayecto paramos un par de veces más a picar alguna barrita y beber agua. También para ir orientándonos, puesto que vemos multitud de posibilidades de camino/terraceo.
La cresta en sí, si se quiere hacer por arriba, tiene tramos más difíciles de lo que nos esperábamos (aun siendo fáciles para gente habituada y/o escaladores) teniendo que echar manos como medio de progresión varias veces. También hicimos dos o tres pasos con algo de exposición.
El primer Gabieto lo alcanzamos serpenteando varias veces entre ambas vertientes, siguiendo lo más fácil o recto, según nos apetecía, jejeje. Concluimos que ese tramo filtraría el paso de muchas personas que quisieran hacerlos. Llegamos a la primera cima y nos topamos con los montañeros que había visto la noche anterior. Nos confirman que han madrugado más que nosotros y que les había zurrado el viento en la tienda más de lo deseado.

Al segundo Gabieto llegamos rápido porque es más de caminar y está cerca. Comemos nuestra barrita energética de cerdo con pan (un fuet) en formato bocaudillo, echamos un trago de agua y unas fotografías para inmortalizar el momento presente que ya es pasado a estas horas.
RETORNO POR DONDE NOS DIO LA GANA
Bajamos por abajo buscando no tener que echar tantas manos e ir más ágiles, puesto que el calor andaba arreciendo duro. Serían las 11:30 o así pero se sentía la pre-ola de calor venidera llegar. Deshacemos el camino con la calma haciendo varias paradas para comer y mojar los pies hasta que llegamos a la caseta otra vez.
Reposamos un rato, rehacemos las mochilas y echamos a andar, que ya nos duelen los pies y a Pablísimo la rodilla, que al final está menos acostumbrado y lleva 1200m de desnivel acumulado más que yo xD
Con la calma, tratando de preservar nuestras maltrechas pero fanáticas articulaciones, llegamos al refugio de Bujaruelo, donde refrescamos los gaznates y los pies nuevamente. Saludamos a Adriana, recogemos el casco y el piolet y mientras hago las gestiones, Pablísimo va a recoger la moto e ir montando todo.
Al final nos vamos como llegamos, con la moto y el casco no-homologado, pero con algo más de cansancio (no mucho que los dos ya veníamos cansados) y menos cartílago en las rodillas y tobillos eso sí, con más tiempo de colegueo, risas y otra aventurilla compartida que contar. Pasar tiempo en el monte con los colegas no tiene precio y si es con Pablísimo, menos todavía y si lo tuviese sería bastante elevado. Yo desde luego, al ritmo que voy de costearme prótesis, férulas y viajes al hospital, no podría pagarlo.

Coordinador de Climbinglaboratori. CCAFD. Investigador en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte: Rendimiento y Prevención de Lesiones en Escalada Deportiva. Director Técnico y Deportivo del Club de Escalada y Montaña Los Mallos.
