Como aventurilla de vivaqueo anual de 3-4 días con Jesule, tras ciclar de Zaragoza a la costa en plena ola de calor el primer año, escalar por Montserrat en plena ola de calor el segundo año y navegar en kayak desde Altafulla hasta Barcelona en plena ola de calor (sumado a alerta por tormentas eléctricas en la costa catalana) el tercer año, este decidimos hacer una travesía de vuelta al Aneto en autosuficiencia, ya que servidor tenía los ligamentos del pulgar rotos y las opciones escaseaban.
Esta aventurilla la tenía en la libreta desde hace años (junto con realizar la Maratón de las Tucas que me quedó pendiente antes del accidente que ahora me impide correr) así que es el momento y la meteo parecía que acompañaba.
Eso y que estaba afincado en Benasque pasando el verano desempleado lo más fresco posible con la oficina de tesis doctoral rodante a toda mecha.

PREPARATIVOS
Jesule que se apunta a todo lo que puede, con la única motivación de estar en el monte y dormir al aire libre, me compra el plan que apenas mira porque estaba en su viaje anual de psicobloc en Cala Barqués. Quedamos el Lunes 20 en Zaragoza después de mi revisión con el médico del seguro tras bajar en bici el día anterior desde Benasque insolado como un girasol en 8-9 horas.
Cansado pero en buen estado, me recoge en casa de mis padres para volver a Benasque e iniciar la ruta el día siguiente. Metemos en el coche sus bártulos, algo de comida que había comprado en el Carrefour y la bici para llevarla de vuelta y salimos con la idea de parar en Barbastro a comprar alimentos perecederos y estar por la tarde en Castejón para echar un baño antes de cenar y dormir.
Dicho y hecho: todo sale a la perfección excepto que nos equivocamos de carretera un par de veces por ir cantando o viendo chistes en el móvil.

Preparamos las mochilas con todo lo imprescindible para 3 días de ruta, dos vivacs con cocina básica de hornillo y posible afectación por sol y calores extremos. Meto el saco del ejército aunque pesa 4,5kg que junto con la mochila de 75l de hace 20 años (literalmente), ya sumo 10kg tranquilamente. El material que tengo ligero es de invierno y me da pereza reventarlo (aparte de pasar calor).
Hablamos con Paloma, una colega guía del valle que se acerca a echar una cerve cuando llegamos, y nos orienta un poco mejor sobre posibles atajos lomeando/cresteando. Con eso y sin bizcocho, damos por concluidos los últimos retoques a la travesía que acaba de coger un poco más de colorcito en la escala de posible esmochamiento.

DÍA 1: subida por Vallibierna y ascenso/descenso al Vallibierna y al Culebras + Vivac en los ibones de Vallibierna.
Entre pitos y flautas nos acostamos cerca de las 01:00a.m así que madrugamos menos de lo deseado. Amanecemos a las 5:00a.m. y desayunamos con los frontales en la furgo porque se me quedó sin batería de las placas solares de estar a la sombra muchos días.
Acabamos de cargar el coche de Jesule y nos dirigimos hacia Plan de Senarta, donde comenzaremos la ruta. Últimos retoques, montamos los bastones y a lo tonto casi son las 7:00a.m. cuando comenzamos a andar. Un poco tarde para no morir abrasados.
Lo bueno del valle de Vallibierna es que le da la sombrita casi todo el rato a estas horas hasta llegar a Coronas, entre orientación del sol y la zona boscosa. Andamos y en 2 horitas estamos echando un bocao (fuet) en el banco de fuera del renovado refugio de Coronas (¿creo que apañaron las goteras del tejado?).
Sin perder mucho tiempo, partimos en dirección a los ibones de Vallibierna ya con sol. En este tramo comencé a recordar que dos días antes me pasé de rosca con la bici y unos días antes estaba vivaqueando por Estós haciendo los Clarabides. Un poco palmado, más que de físico de la insolación de la bici, pero seguro que todo suma.
Jesule anda fuerte y como siempre nos echamos muchas risas, aunque vayamos con la lengua fuera (yo en este caso), el sufrimiento es menor. En este tramo vemos a las primeras personas volver de sus rutas con síntomas de cansancio e insolación también, casi llegando a los ibones. Este rato se me hizo especialmente “duro“.
Llegamos a los ibones y localizamos una buena zona para vivaquear. Comemos un poco de jamón york de 2kg, pan bimbo y alguna galleta y vamos rumbo hacia el collado de Vallibierna para desviarnos rápidamente hacia la derecha en busca del pico del mismo nombre y del Culebres, objetivos del primer día. Serían como las 12:30p.m. y el sol ya apretaba un poco.

Cogemos agua y avanzamos sin mucho criterio ya sin los mochilones en estilo ligero ¡Vaya que si ligero sin mochilas! Decidimos salir por unos hitos que más o menos concordaban con la traza del camino en el mapa, pero pronto nos enriscamos. Ya en estilo libre por los primeros caos de bloques y tierrecilla, llegamos a una plana-valle donde parece que se divisa el Vallibierna a lo lejos y mejor aún, unos montañeros bajando por una loma. Camino (“parece“) que identificado.
En poco rato, entre chistes y canciones de Aitana comandados por Jesule, nos plantamos en la cima del Vallibierna y avanzamos hacia el Culebras donde, justo antes del famoso paso del “caballo”, vemos un grupo de 4 montañeros que nos invitan a pasar para ver cómo lo hacemos. Paso yo primero de pie por la vertiente derecha y luego Jesule. Esperamos al grupo para darles algo de soporte por si acaso y, cuando ya vemos que van bien, seguimos a coronar la segunda cima del día y de la aventurilla.

Como no llevamos teléfono ni cámara, aprovechamos que el grupo nos pidió hacerles unas fotos para que nos hiciesen alguna y nos la enviaran (nos enviaron 4 correos vacíos sin foto, jajaja). ¡Muy majos estos ilicitanos! Hemos subido en un par de horas y nos disponemos a bajar a toda prisa para refrescarnos y montar nuestro vivac. Tan a toda prisa, que deshago el paso del Caballo andando en equilibrio por el filo de la arista, jajaja
Bajamos, montamos el vivac, nos refrescamos y cenamos arrocito con lentejas a la jardinera y pimientos. Mientras Jesule va en manga corta, yo estoy con la chaqueta bebiendo unos 2-3 litros de agua por hora: efectos de la insolación del otro día. Esto conduce a que me tenga que levantar a orinar unas 6 veces, lo cual no contribuye muy bien al descanso pero sí a mantener el saco de dormir seco.

DÍA 2: ascenso/descenso a los picos Russell, pasos por los collados de Vallibierna y Salenques y vivac en Barrancs.
Despertamos sobre las 5:00a.m. rezongando un poco casi hasta las 5:30am. Desayunamos unas napolitanas de chocolate mezcladas con pan de leche y, de beber, agua. Recogemos y afrontamos el collado de Vallibierna el cual alcanzamos rápido a la fresca de la mañana. Al llegar, retrocedemos para pillar una senda por la vertiente izquierda de la cresta que nos dirige primero, al collado de los Bucardos y luego, a los ibones de los picos Russell.
El camino es cabroncete pero está bien marcado por hitos. Tiene poca perdida. Un currazo, la verdad. Llegamos a los ibones, a unos 2800 metros y dejamos los mochilones. Comemos algo rápido y nos dirigimos hacia la canal que nos parece más evidente de subida por un mar caótico de bloques (la tónica de toda la aventura). Desde lejos parece que vamos a tener que echar mano para llegar a la cima, pero conforme vamos subiendo, el camino se hace más o menos cómodo, pero se hace.
En poco más de una hora estamos en la cima del primer Russell y de la antecima. No hacemos más porque no nos interesa coleccionar cimas, sólo bellas vistas que perdurarán en nuestras memorias y corazones hasta que las primeras se vean devoradas por efecto del Alzheimer prematuro y el segundo deje de latir, esperamos que más pronto y sano, que tarde y demacrado.
Hasta aquí, bastante solecito hemos comido pero es temprano todavía y, aunque pensábamos que el resto de la ruta con mochilón iba a ser de bajada, nos quedaba un descenso y ascenso al collado de Salenques para acabar de hacer desnivel lastrados.
Típicas fotos de cima y Jesule aprovecha para mandar unas fotillos ya que tiene cobertura (esta vez subimos su teléfono, que junto con mapa y reloj GPS, es todo lo que subimos a parte de una capa cortavientos, agua y un par de barritas per cápita). Bajamos casi igual de rápido que hemos subido y llegamos a las mochilas.
Buscamos una zona de sombra para picar algo y mirar el mapa, a ver si podemos intentar no perder altura rodeando los Russell por su derecha hasta llegar lo más cerca posible del collado de Salenques y pillar el GR un rato. Hacía ya un sol de justicia y eran las 12:30 así que a Jesule se le cuela la crema de sol por una grieta la cual, a pesar de mover bloques, perder energía y meter el brazo con el riesgo de tener que autoamputárnoslo con una multiusos, no conseguimos recuperar.

Como siempre metemos basura externa y ajena que encontramos en nuestra bolsa, seguimos en equilibrio con la naturaleza y tenemos que dejarla ahí por desgracia. Era un bote pequeño así que si alguien lo encuentra, que le de uso y que la madre natura nos perdone por aquello si queda por ahí por tiempo.
Seguimos el jabalineo lomeando según nos conviene y nos parece que no habrá ningún cortado chungo. Cogemos agua que escucho filtrarse a lo lejos (triunfada) y, bastante rato después, vemos de repente el paso bueno y de hecho, comenzamos a ver gente que, seguro, bajan del collado. Triunfada otra vez porque habremos perdido solamente unos 300m de altitud en vez de los 600 que eran previsibles en caso de haber seguido los caminos marcados.
Nos alegramos bastante y comenzamos a cantar canciones versionadas de Aitana, Don Omar y Daddy Yanki, mientras empezamos a pasar gente de camino a la última rampa de acceso al collado. Esta parte es tediosa y empinada, pero subimos rápido con Jesule a la cabeza y yo bastante mejor, recuperando día a día de la insolación. Voy pocho, pero voy bien aclimatado en Z1-Z2 en altitud gracias a mi estancia nepalí del año pasado. ¡Manjar!
Por el camino, nos cruzamos con un señor al que le pregunto “¿es difícil la subida por la pedrera esa final?”. A lo que me responde que no se va por la pedrera. Dudamos de su consejo pero lo aceptamos y posteriormente comprobamos que sí va el camino por la pedrera (por el lado izquierdo de la pedrera, para ser exactos).

En el collado, comemos fuet con pan y alguna galleta y descansamos un ratejo a la sombra antes de afrontar el tramo de bloques de acceso a Barrancs, donde pensamos vivaquear. Este tramo ya es conocido para mi de la cresta de Salenques, así que casi cerramos el círculo de la exploración, a expensas de atacar al día siguiente el Mulleres.
Para Jesule casi todo es nuevo, así que flipa con lo salvaje y desangelado del entorno. No nos cruzamos a nadie más en todo el día y menos mal porque las versiones de las canciones que cantábamos ya comenzaban a desvariar bastante, especialmente con las del temazo remix de “Geordie“.
Tras 1:30-2:00 horas aprox, llegamos casi a la explanada de Barrancs y ya divisamos unas buenas losas para vivaquear. Obviamos el vivac techado por pequeño para dos tipos de 190cm y echamos esterillas y sacos en un amurallado cercano. Bebemos agua y nos vamos a refrescar al riachuelo haciendo tiempo. Son las 17:00p.m. así que tenemos tarde por delante para preparar todo.

Para acabar el día, montamos los vivacs y preparo una buena zona para cenar que proteja del viento el hornillo. El menú del día es arroz/quinoa con cocido, atún, albóndigas y pimientos. Con la compañía atemporal de los paquetones familiares de pan bimbo del Carrefour. Cenamos como Reyes. Como Reyes que vivaquean, claro.
Ya en la camita y aún con mucha luz (serían las 20:00p.m. cuando finalizamos la jornada) nos tumbamos a ver el cielo e imaginar historias de supervivencia y ataques de osos en las que nuestro trozo de 2kg de jamón de York podría ser protagonista. A mi, en caso de un ataque de oso, no me haría gracia dárselo, puesto que llevarlo en la mochila supone un esfuerzo grande y quizá podríamos negociar otra cosa con el oso.
Jesule se protege de los moquitos con un pañuelo de su abuela y un pantalón de chandal mientras yo me meto en el saco, que prefiero freírme a la logística que está llevando a cabo Jesús. Dormimos un rato y una hora después, todavía yéndose la luz, comenzamos a divisar como van apareciendo estrellas. Las voy intentando contar debido a que el CBD no ha hecho mucho efecto amnésico. Prevemos una noche calurosa y mosquituosa, jejeje

DÍA 3: ascenso/descenso a la Tuca de Mulleres y bajada extra-larga a Senarta sin coger el bus y gastar 11€.
Como habíamos quedado en madrugar más y desayunar más rápido para tratar de ver el amanecer en las mejores condiciones posibles, agilizamos y antes de las 6:00a.m. ya estamos en marcha. El camino hasta el collado de Barrancs no es, digamos, evidente ni es fácil de seguir por los hitos así que vamos en estilo libre sin perder de vista el collado.
Nuestra intención, además, es no seguir la ruta normal que sube al collado y baja al ibón. Queremos explorar la loma que bordea el ibón por la derecha y no bajar mucho de los 2.800m de altitud. Dependerá de como vayamos viendo la jugada sobre la marcha pero las curvas de nivel nos señalan seriamente la posibilidad.
Avanzamos rápido por el mar de bloques y terrazas herbosas hasta atacar el collado por su derecha. Al salir, vemos que la posibilidad de escaquear la ruta normal parece más que factible y, según vamos atravesando el horizonte varias veces, por fin vemos que es bastante fácil no perder altura. De hecho, si no tienes un interés excesivo por visitar el ibón, parece la opción más lógica e incluso sencilla.
Llegamos, bajando un poco, a unos neveros en el centro del vallecito que forman Mulleres y Salenques y ya comenzamos la subida final. Subimos en estilo libre por la sombra y en la parte final nos unimos a los mojones de uno de los caminos normales. Hollamos cima poco más tarde de las 8:00a.m. y estamos un buen rato, ya que tenemos una de las mejores panorámicas de todo el valle. Increíble.

Comenzamos a bajar, nuevamente, en estilo libre y planteamos deshacer el mismo camino por el que hemos venido. Al llegar al collado y superarlo, vamos más hacia la derecha porque parece un camino más herboso para los maltrechos pies, pero empiezan a aparecer cortados poco franqueables y tenemos que ir haciendo largas “Z”s que nos enlentecen más de la cuenta hasta retornar al camino de ida casi al final.
Nos ha costado casi más bajar que subir. Ya en las mochilas, comemos algo rápido y en vez de bajar por el GR, decidimos ir por Barrancs ya que hemos visto una sendita en el mapa. A lo lejos sólo se ve un mar de bloques rodeando el ibón por su derecha pero vamos a intentarlo.
Pillamos el camino y la verdad es que, siendo una decisión MUY cuestionable a nivel temporal y técnico, es un camino de grandes bloques muy chulo y, sobre todo, inóspito. Cero personas hasta divisar Aigualluts, donde cruzamos el riachuelo varias veces descalzos y con las sandalias para ir totalmente rectos a buscar una sombra bajo los árboles donde parar a comernos el medio kg de jamón que todavía nos quedaba en la mochila.

Al acabar de comerlo, rápidamente llegamos a la Besurta, tras pegarles la canción de “Superestrella” a un grupo de chavalas que comenzaron a cantarla a coro. De repente, veo en una mochila unas banderitas tibetanas de una textura que sólo están en Nepal. Me llama la atención y me quedo mirando al propietario de la mochila.
Lo reconozco y él me reconoce. Es Jose, un señor que conocí en la ruta del Annapurna con el que a punto estuvimos de coincidir luego en un trekking, pero no fue posible. Charlamos un rato sobre nuestras vidas actuales y lo despedimos al llegar La Besurta. Me hizo mucha ilusión verlo, aunque le llamé Fernando, jeje
Obviamos el autobús y a la gente y echamos a andar a toda pastilla alternando tramos de carretera y tramos de senda que se diluye constantemente.
Decidimos que haríamos una parada pasado Llanos del Hospital y otra ya en Senarta. No calculamos cuantos km salen porque los vamos a hacer igual y nos parece más motivante en estos casos no tener tanta información.
Al final, avanzamos por carretera y paramos a darnos un baño en un lugar aleatorio cuando ya el sol aprieta fuerte de verdad. Una parada larguita y chino-chano nos plantamos en Senarta en modo walking dead haciendo un ranking de dolores y molestias sufridas y echando un “del 1 al cuanto” (que tanto le gusta a Jesule) por ver si podíamos volver en el coche con las ventanillas subidas. Ambos decimos el “4” así que tendremos que hacerlo por honor a las risas.

BONUS TRACK: tramo en coche.
Cogemos el coche, aunque no estaba tan caliente como esperábamos, y, como perdí la apuesta que habíamos hecho un rato antes, volvemos desde Senarta a Benasque con las ventanillas cerradas y sin aire: cosas de ser retrasados. Y lo mejor de todo es, además de tener suerte de coincidir en un número en la apuesta, pillar todos los semáforos de obras de la carretera cuando ya estábamos sudando como pollos al ast.
Menos mal que recogimos a un auto-estopista italiano que salía del camping Aneto en dirección a Benasque y Jesule baja las ventanillas para que no muera a 40º en su interior así que, finalmente, bajamos frescos y entre risas mientras le cuento al italiano lo de la apuesta y le explico por qué hace tanto calor dentro del coche.
En fin: risas, palizón y buena compañía; lo que siempre me aporta este valle que cada vez me atrapa más y sobre todo Jesule, con el que espero, a parte de vernos durante todo el año lo máximo posible, seguir con las aventurillas veraniegas en plenas olas de calor, que lo son menos cuando tienes el cerebro pensando en estupideces en vez de en que tienes la temperatura corporal 2 o 3 grados más elevada de lo que posiblemente sea saludable.

Coordinador de Climbinglaboratori. CCAFD. Investigador en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte: Rendimiento y Prevención de Lesiones en Escalada Deportiva. Director Técnico y Deportivo del Club de Escalada y Montaña Los Mallos.
