Por Sofía Lafuente. Tomo los mandos y cambio de escritor para contar como fue nuestra aventurilla a los Picos Clarabides (Oriental, Central y Occidental). Actividad que le propongo a Maik por su lesión que le impide escalar (RIP dedo pulgar), para sumar tresmiles a la lista y conocer más a fondo los valles de Benasque. Rutilla que se ajusta bastante bien a nuestras preferencias.
Me despierto por la mañana con dolor de cabeza y un mareo dignos de protagonizar una tragedia griega, debido a mi falta de entrenamiento en el levantamiento de vidrio en barra fija, que tuvo lugar en casa de unos amigos la noche anterior.
Al principio me asusto por si me afecta más de lo esperado y no puedo hacer la ruta planeada pero por suerte, un ibuprofeno y ese privilegio biológico llamado juventud hicieron su magia: mi recuperación fue sospechosamente rápida. Así que por la mañana Maik (AKA el Sr.Bíceps) y yo hacemos unas barras como calentamiento para los Clarabides (yo al menos hago algo, porque mis conocimientos sobre entrenamiento son bastante limitados/nulos. Pero me lo paso bien jeje).

Maik aprovecha la hora de la comida con una eficiencia admirable. Entre bocado y bocado, ya tiene la mochila abierta y va preparando todo para la ruta. Es la demostración práctica de que hay personas capaces de hacer dos cosas a la vez… y hacerlas bien. Muchos vivacs lo han visto últimamente. Yo, mientras tanto, bastante tengo con no mancharme la camiseta.
Gracias a que yo ya lo tenía todo listo, y Maik es tan velozzzz, terminamos de comer y con todo preparado, pusimos rumbo al inicio de la ruta a bordo de un vehículo de altísima gama (AKA Fidel). Un clásico tan exclusivo que ya no se fabrica, ni se atreve nadie a modificarlo. Los años le han dado ese encanto que solo algunos coches consiguen (y los buenos vinos, como el que me tomé la noche anterior).
ACCESO Y SUBIDA AL VIVAC
Llegamos al parking de Estós, abandonamos a Fidel y echamos a andar por el camino que indica el track (el único que hay, al parecer). La ruta tiene poca pérdida: el camino está muy marcado.
Empezamos a caminar sin demasiadas complicaciones. El desnivel era tan amable que nos permitía hacer algo mucho más exigente que subir cuestas: mantener una conversación interesante.
Durante el camino arreglamos el mundo, debatimos sobre el bien y el mal, compartimos alguna que otra reflexión y nos perdimos en esas conversaciones que saltan de un tema a otro. Siempre es un lujo caminar con personas capaces de pensar, cuestionar y aportar puntos de vista que te hacen mirar las cosas desde otro ángulo. Esas que disfrutan tanto pensando como caminando.
Llegamos hasta una llanura donde se sitúa la cabaña donde íbamos a pasar la noche: la Cabaña del Turmo. Dan algo de lluvia entre las 00:00a.m. y las 02:00a.m., y preferimos tener un techito donde resguardarnos. Antes nos paramos a observar una marmotilla que está inmóvil sobre una piedra. Cada vez nos acercamos más y la podemos ver con más detalle. Que monaaaaa, quiero una.

Al llegar a la cabaña vemos que está cerrada al público, CHAN CHAN CHAN CHAAAN. La sensación no fue exactamente de pánico porque, afortunadamente, todavía nos quedaba luz y margen suficiente para encontrar otro lugar donde pasar la noche. Seguimos andando, y en unos 30-40 minutos llegamos al refugio de Estós, donde cogemos agua y paramos a echar un vistazo rápido.
Durante el camino hasta el refugio estuvimos intentando buscar un lugar donde plantar nuestro vivac (a poder ser, techado) sin éxito. Confieso que, durante unos segundos, mi optimismo decidió irse a dar un paseo. Empecé a caminar cada vez más rápido, como si la velocidad hiciera aparecer un refugio por arte de magia.
Por suerte, Maik iba completamente inmune a mi drama. Con una calma que a mí me parecía hasta sospechosa, me repetía que no pasaba nada, que todavía había tiempo y que ya encontraríamos un sitio. Y oye… tenía razón. Menos mal que uno de los dos mantenía la cordura.
En esas apareció, a lo lejos, una roca enorme. Desde la distancia tenía una pinta espectacular. Al acercarnos descubrimos que aquello protegía de la lluvia aproximadamente lo mismo que una sombrilla de cóctel. Fail monumental.
Después de recorrer la zona de arriba abajo y aceptar que la montaña no pensaba colaborar con nosotros, tomamos la decisión más lógica que se nos ocurrió: dormir encima de una roca gigante completamente al descubierto y confiando nuestro descanso a una estrategia infalible… rezar para que no lloviese.

Con el alojamiento de cinco estrellas ya elegido, me puse a montar el vivac, colocar los sacos y dejar nuestro hotel listo para la noche. Mientras tanto, Maik se ocupó de mantener viva la tradición más importante de todas nuestras aventuras: preparar unos gñoquis con pesto. Porque puede faltar un techo, puede faltar un refugio e incluso puede faltar el sentido común… pero los gñoquis con pesto nunca fallan.
Con el campamento montado, la cena devorada y la lluvia haciendo el favor de no aparecer, llegó mi momento favorito de cualquier vivac: meterme en el saco, levantar la vista y quedarme mirando el cielo lleno de estrellas. Hay algo en ese momento, que por simple que sea, siempre siento que es un privilegio poder vivirlo. Bueno… eso duró poco.
Recuerdo que Maik empezó a contarme algo. No tengo ni idea de qué era. Estaba tan cansada que sentía que me estaban leyendo un cuento antes de dormir. Yo hacía un esfuerzo por seguir la conversación, porque me encanta hablar con él, pero cada frase pesaba más que la anterior. Al final, caí completamente derrotada.
DÍA DE ATAQUE A LOS CLARABIDES
Finalmente no llovió y debí de dormir realmente bien porque, a la mañana siguiente, Maik me dio los buenos días con una sorprendente información: al parecer había soltado algún que otro ronquido. Ataque directo a mi feminidad.
Superado el duro golpe a mi ego, recogimos todo el campamento, desayunamos café y un paquete de galletas príncipe de marca blanca del Carrefour y, sobre las siete de la mañana, nos pusimos de nuevo en marcha en dirección al ibón de Gías. Tocaba seguir sumando kilómetros y, por suerte, ya con el drama del vivac resuelto.
Dejamos la mochila de Maik escondida en unas rocas, para usar solo la mía, y empezamos a andar. Hacemos una parada técnica en el Ibón de Gías, al que llegamos sin complicación. El camino tenía su pequeño juego psicológico: cada vez que coronábamos una pequeña loma, pensábamos que encontraríamos el ibón, pero no. Solo aparecía otra loma, y otra, y otra.
Cuando ya empezábamos a pensar que lo del Ibón era un invento, ¡por fin apareció! Así que hacemos otra parada igual de técnica que la anterior para comer y beber algo y, por supuesto, disfrutar de las vistas.
Seguimos subiendo, rodeando el Ibón tan por la derecha que, tras comprobar el track, tenemos que desviarnos 200-300m a la izquierda. Llegamos al Puerto de Gías, donde hicimos otra parada. Tocaba beber agua otra vez, comer algo, ponerse el casco y embadurnarse de crema solar, porque el sol ya empezaba a apretar con ganas.
Con todo listo reanudamos la marcha y, en poco tiempo, alcanzamos el Pico Clarabides Oriental. ¡Primer tresmil del día! La verdad es que me hizo bastante ilusión. Siempre tiene algo especial alcanzar una cima de más de 3.000 metros. Continuamos por la cresta y, a muy poca distancia, llegamos al Clarabides Central.

Casi sin darnos cuenta, alcanzamos el Clarabides Occidental. Resulta que ya no figura oficialmente en la lista de tresmiles porque no alcanza los 10 metros de prominencia necesarios. Vamos, que la montaña sigue ahí, la subida también, el cansancio también… pero el título de tresmil se lo han quitado. Hemos sido engañados. Cosas de las listas.
Desde allí valoramos subir también al Pico Gías, pero finalmente decidimos dejarlo para otra ocasión. Desde los Clarabides es un pase de unos 15-20mins. Sinceramente, tampoco me dio demasiada pena. Leí que había algún paso donde había que ayudarse un poco con las manos y, teniendo en cuenta la lesión de Maik, no era el momento de forzar. La montaña no se va a mover de sitio: excusa perfecta para volver.
RETORNO DE LOS CLARABIDES HACIA ABAJO, SUPONGO QUE TAMBIÉN SE PUEDE RETORNAR HACIA ARRIBA
Toca darse la vuelta, e iniciar el retorno desde las cimas de los Clarabides. La verdad que la vuelta se me hizo un poquito larga, en parte por mi dolor en las rodillas (mi juventud salió del chat), comentado en otras aventurillas jeje.
Recogemos la mochila de Maik y descendemos hasta el refugio de Estós para tomar nuestro merecido café en la terraza. Como si el momento no fuera ya suficientemente perfecto, apareció un gatito y aproveché para jugar un rato con él, porque si hay un gato cerca, es prácticamente imposible que no vaya a saludarlo.
Entre sorbo y sorbo de café, la conversación derivó hacia el viaje de Maik a Nepal. No pude evitar preguntarle si aquellas montañas eran tan impresionantes como parece. Me cuesta imaginar un lugar donde las montañas sean todavía más inmensas que las que tenía delante.
Le pregunté cómo era esa sensación de caminar entre esas montañas, cómo se siente uno allí y si de verdad impresiona tanto como cuentan. Mientras hablaba, me descubrí imaginando esos paisajes. Debe de ser una de esas sensaciones tan únicas que hay que vivirlas.

Después de eso, me despedí del gatito y emprendimos la bajada. Mientras descendíamos, como siempre, nos metimos en uno de nuestros debates estrella: la calidad de las marcas de montaña. Mochilas, chaquetas etc… Maik, fiel a su filosofía, lo tuvo claro: Simond es la mejor marca de montaña para gente normal. Caso cerrado.
Ya cerca del coche, cuando pensábamos que el día no podía darnos más momentos surrealistas, un señor (aparentemente taxista o algo similar) se bajó de su vehículo, miró a Maik y le dijo: “Perdona, ¿eres el Maca?” Maik se quedó en shock un segundo, procesando la información.
Él había entendido: “¿eres el vaca?”. Al parecer, su subconsciente sabe que tiene un gran apetito y que la gente lo reconoce por esa habilidad especial. No hay otra explicación posible. Le explicó al señor que le había entendido “vaca” y le dijo que a veces se ponía a dieta. Luego hablamos de abrir un canal de Youtube que se llamase “El Lorzas“.
El momento nos dio para bromear el resto del día y probablemente nos lo dará durante bastante tiempo más. Porque hay cierres de ruta… y luego está este tipo de cierres de ruta. Muy felices, cansados, con la suerte de poder compartirlo y, sin remedio, pensando en la siguiente.

Coordinador de Climbinglaboratori. CCAFD. Investigador en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte: Rendimiento y Prevención de Lesiones en Escalada Deportiva. Director Técnico y Deportivo del Club de Escalada y Montaña Los Mallos.
