Era consciente de que iba a hacer calor pero creía que iba a haber más nubes aparte de las de mi cerebro putrefacto de escaladas y aventuras. Cómo tenía que ir a la Universidad de la Seu de Urgell a dar una clase con mi colega el Bou, me pareció un buen plan darle un toque a Celia (compinche del valle de Benasque, más o menos de camino), para hacer alguna vía en la pared de Aragón antes de que se acabase la temporada ahí, y proponerle hacer la Puñalada Trapera.
¡¡Acierto total de plan!!

Para ser exactos, la propuesta o plan inicial era hacer la vía de los Cuarentones, pero hubo varios condicionantes a tener en cuenta antes del cambio:
- Largo de 7b con posibles pasos de ganchos y estribos.
- Tenía que asumir el posible rol de tirar toda la vía si Celia petaba (infravalora sus capacidades).
- Tenía que asumir el posible rol de tirar toda la vía si Celia petaba (sobrevaloro mis capacidades).
- Era mi primera escalada en Monrebei y conviene aproximarse con cuidado a muros nuevos y míticos con fama de recios.
He escalado ya en muchos lugares emblemáticos con fama de recios pero Monrebei siempre tenía algo que me hacía pensármelo más de la cuenta. Quizá la belleza del lugar (es increíble el entorno) hace que quieras escalar disfrutando y no teniendo que ir al límite. Hay lugares para los que llega un momento en el que te sientes preparado aunque no sabes si lo estarás.
Sientes la llamada, como pasa con el Midí (las historias de embarques o vivacs) o con Ordesa (su desplome y sus electrodomésticos voladores). Escuchas los tambores de guerra retumbando en tu cabeza… y no puedes pensar en otra cosa.
SOL DE MAÑANAS
Quedamos (madrugando un poquitín porque ya pillé días antes en el corredor Maribel por no madrugar) en la campa del sector de deportiva de Benabarre, ya que venía desde Huesca de echar el día tratando de esclarecer mis ideas doctorales (redactando, borrando y volviendo al inicio una vez tras otra, jeje). Esa campa nos pillaba a ambos de camino y se suele estar fresquito para dormir.
Como Celia venía desde Vilanova en Benasque, mi misión era tener preparado el desayuno y el café para cuando llegase sobre las 6:30. Así que dicho y hecho, llegó antes de lo esperado y me desperté porque tocó a mi puerta/portón. Preparación rápida. Comemos avena con galletas príncipe de marca blanca del Carrefour y, cafetera de 10 tazas mediante, partimos hacia Monrebei con relativa tranquilidad sin saber lo que se nos venía encima (por lo menos a un servidor).
*Soliloquio: vengo de estar varios meses por Nepal relativamente a la fresca y, al vivir en la furgoneta y creerme un punky que apenas pone la calefacción, durante el invierno-primavera, por el hecho de amanecer muchos días en la franja de los -2º y 4º, estoy bastante aclimatado al frío pero no al calor. Quien me conoce sabe que en esas condiciones palmo a la velocidad de la luz y mi rendimiento cae en picado como las gotas de sudor de mi cabeza, sobacos y manos a partir de los 10º de temperatura.
Llegamos al aparcamiento y vamos a tiro hecho ya que Celia recordaba bastante bien el camino (excepto un par de pseudo-embarques) de haber hecho la Pilastra (por eso no fuimos a la Pilastra). La única confusión seria, por si a alguien le sirve de algo, es que, al bajar por la última cuerda fija de destrepe, hay que ir hacia tu derecha para seguir bajando (a la izquierda se llega a otras vías de la placa anterior a la Pilastra, como la Santiago Domingo o algo así creo recordar).
En la aproximación, con los primeros rayos de sol, ya empezamos a pillar cacho. Una buena sudada y nos plantamos algo sedientos debajo del árbol característico donde comienzan algunas de las vías. Como quedamos en que Celia hacía los largos impares y yo los pares, nos preparamos y sale Celia a por el primer largo con la motivación alta.
Tanta motivación que hace una travesía a derechas de unos 15 metros cuando debía ser de unos 2 metros o menos, jajaja, así que toca deshacerla con ligero destrepe para coger la vía, la cual empezamos a divisar por algún puente de roca y algún spit alto. Un V+ de Monrebei que ya te avisaba de lo que venía. Celia se lo hace bastante bien, con un pasete a la primera reunión y yo recupero el largo lo más rápido que puedo bastante holgado.
Abro el segundo largo de 6c o 7a+, que en el 3er o 4º seguro puedes seguir recto y tratar de realizar un paso de 7a+ o así, o ir en travesía larga de izquierdas (travesía por no llamarlo rotonda) que en principio saldría más fácil. Entre que me gusta probar los pasos duros más si cabe si están protegidos y que tampoco soy muy fan de pendulear de mi compañera 35kg más ligera y caerme casi hasta el pantano, tiro recto sobreestimando nuevamente mis posibilidades.
Tiro es parafrasear lo sucedido, porque olfateo un poco el cotarro y ya me cuelgo a mirarlo. Un paso fino sin pies para llegar a una regleta lejana y no muy grande. Saco una vaga a modo de pedala, troncho la regleta y con unos pies bastante precarios y el culico bien pegado a la pared medio a campus, chapo el spit superior y ya salgo a unos agujeros más o menos grandes. El resto del largo te va inflando un poco y alterna remadas largas de agujeros buenos y malos hasta llegar a la R2 con cierto ambiente, jajaja. Largazo!!
Monto la reunión bastante incómoda y recupera Celia con alguna ayuda extra para agilizar los trámites. La verdad que a veces tiro mucho de la cuerda porque me hace gracia levantar a los partners a pulso, cosa que creo debería dejar de hacer.
Aquí ya se me empieza a subir algún músculo rollo paletilla y/o bíceps, pero en las últimas tiradas de cuerda-reverso, se me empiezan a engarrotar el 3er y 4º dedos de la mano derecha cosa que nunca me había pasado. Se me cierran sólos (como haciendo un gesto de rock-metal o forzando un squirting) y tengo que ir abriéndolo con la otra mano o con la boca, dependiendo de la labor de mi otra mano. Mala jugada.
Llega Celia en buen estado y con ganas de hacer el siguiente largo de 6c, así que le omito parte de la información de mi potencial estado de deshidratación. Por muy palmado que esté siempre cumplo, así que tampoco entro en pánico fácilmente y creo que nunca me he bajado de una vía por deficiencias del estado físico (excepto en Montañesa con el Valiente que me llevó a 40º a una placa infame y el día anterior había ido a donar sangre. Aún así tuve tiempo de hacer y acabar el largo duro de aquella vía).
Sale Celia con dudas en el itinerario y, con menos protecciones de las que le hubiese gustado (a mi tampoco si hubiese ido de primero), va haciendo alternando alguna colgadilla con pasos bastante finos protegiendo con bastante imaginación hasta llegar a una especie de entosta donde comenzaba una marcada travesía a izquierdas con todavía menos protecciones de las que le hubiese gustado, jajaja. Se lo piensa “bastante” pero al final lo ataca y lo completa.
En ese momento oigo algo golpear el suelo. Por un momento pienso que era algo de material pero, para mi sorpresa, era mi teléfono al que le dio por despeñarse y salirse de la carcasa que llevaba atada con un cordinillo. Epic fail. A esa altura no había opción de supervivencia para él.
Adiós móvil mientras escala Celia con el susto de mi sobresalto, y adiós a un par de billetes de 5 euros que llevaba detrás que suben por la placa ágiles por el efecto de una térmica. Casi soy capaz de coger uno pero, entre la descoordinación deshidratada y que tampoco era plan de soltar la mano del reverso, remontaron el largo y marcharon hacia otra vía a buscar nuevas aventuras o futuras manos.

Sólo me hacía duelo la tarjeta SIM, porque el teléfono ya estaba quebradillo (me lo encontré enterrado en Peña Telera el año anterior) y me suelen durar poco así que no les tengo mucho aprecio para lo poco que los uso. Total que se despeñó porque la funda no era de ese modelo y la tenía cortada con tijeras para darle una forma parecida así que no estaba todo lo apretado que debería estar. Me quedé con la funda y el muellecito en la mano. Von voyaje!!
Este largo, entre pitos y flautas sin pitos ni flautas, nos cuesta bastante tanto escalarlo como recuperarlo y ya anticipamos que va a ser la tónica general de lo que queda. Sigo sin ofrecer mucha información de mi deshidratación, aunque comienza a ser evidente y ya me había fulminado mi agua y bastantes galletas a caraperro. La solana ajusticiaba la Pilastra sin compasión y hasta tuve que ponerme el cortavientos para no quemarme.
SOL DE MEDIODÍA
Felicito a la compañera por el largo y por la lucha (por eso decía que infraestimaba su nivel) y voy directo a por un largo de fisura-bavaresa y desplome que realizo bastante mejor de lo esperado colgándome en el primer tramo un par de veces debido a contracciones repentinas de bíceps y cuádriceps sumadas a las del gemelo y, cuando pienso que ya cesan las hostilidades, me topo con un diedrillo extraño que intento atacar por la izquierda para fracasar y volar de un clavo ligeramente.
Tras colgarme un rato a estudiarlo (recuperar fuerzas y estirar), lo tiro por el centro subiendo un metrillo y metiendo un 3 alto a la remanguillé sin mucha convicción. Cuando estoy a punto de llegar a un canto medio salvador, se me escurre un pie y vuelo 3 o 4 metros ya que salta este friend poco friend y me para el mismo clavo de antes.
Buen sustillo y Celia ni se entera casi por lo que me cuenta. Había bastante roce y me llevaría bien corto de las paradas previas. Manjar. Además caí de costado con la rótula, la cual disipó bastante más que el friend.

Lo ataco otra vez tras un buen rato ahora por la derecha por un espolón y no sé que acabo haciendo que meto un totem negro (por donde luego casi Celia no llega) donde puedo y casi vuelvo al mismo paso del primer intento, pero consigo sacarlo y voy acabando el largo abriéndome el dedo en garra con la boca por tener la otra mano ocupada escalando. Bastante tortura pero divertido a la par.
Recuerdo a un colega que le pasó lo mismo en la Jose Antonio Sanz muchos años atrás y me reía, jajaja. Pobre Rubenccino. Tuvimos que rapelar porque ni aún escalando yo todo de primero pudo continuar. Ahora no me hacía tanta gracia ya que me pasaba a mi y el terreno era bastante más hostil.
Recupera bastante bien Celia, sobre todo el tramo de placa que a mi me había dado en el hocico y que me costó casi una hora (el tramo, que no el largo). Me da agua como Jesucristo a un leproso bíblico y sale a por el siguiente largo que discurría en travesía a derechas para luego meterse por un diedro-fisura bastante chulo. Se lo hace bastante bien y rápido para mi desgracia porque casi no pude recuperar ni estirar.
SOL DE TARDE
El siguiente largo me toca a mi y ya salgo con mentalidad de supervivencia extrema. Lo voy haciendo bastante bien colgándome preventivamente para estudiar la jugada y prevenir el colapso metabólico (porque el fallo muscular ya lo había obtenido en repetidas ocasiones y el siguiente paso era el colapso directamente). Llegado a un punto desplomado con buen aleje y poca posibilidad de protección (o lo que es lo mismo, una puñalada trapera), saco todas mis fuerzas físicas y cognitivas y al salir ya no me da ni para pensar por donde discurría el largo.
Empiezo a anudar troncos y matojos mientras Celia me va gritando la descripción (yo ya no tenía croquis que mirar, jajaja). “Ir por una vira evidente y pasar por la derecha de un árbol”. Veo varios árboles y viras a diferentes alturas así que subo a jugármela por lo que parecían marcas de magnesio o mierda de buitres y, tras algún pasete más expo de lo deseado protegido por algún matojo más pocho de lo deseado (¡Matojolandia!, como ponía en alguna reseña), acabo llegando por la izquierda a un árbol medio seco y pinchudo donde me meto como puedo casi más a refugiarme que a seguir el itinerario.
Total que veo a dos metros a la derecha la reunión y voy a muerte a por ella sin mirar atrás tras 6-7 metros de travesía bien patinosa pero de canto generoso. Es curioso como el cerebro debe rapiñar energía y atención para ir sobreviviendo al colapso, porque tampoco sentí mucho miedo en ningún momento de la vía. Casi me parecía hasta divertido el asunto. No sé si será normal pero el sufrimiento me gusta y lo único que me preocupaba era el horario.
Recupera Celia el largo bastante bien, flipando un poco con la travesía y los seres vivos alondrados (en realidad los lazo si puedo, no los alondro). Cedo material y va a por el último largo. Un V descompuesto para acabar la faena ya sin agua ni nada para echarnos a la boca. Sólo sed de acabar pero con cierta alegría de que ya estábamos casi fuera.

Poco que mencionar de este largo así que llegamos a la cima tras 9-10 horas de actividad y, aún bien escalfades y cansades, contemplamos el paisaje y el atardacer de Monrebei. Además estaba nubladete y daba sombra (aparte de que ya anochecía). Buena actividad, buena compañía, mala elección de día/muro y de cantidad de agua así que, en resumen, día de los que crean afición.
Para esto mismo escalamos vías clásicas o de aventura: disfrutar de entornos estéticos y privilegiados y disfrutar de salir de la zona de confort corriendo ciertos riesgos más o menos controlados que hacen que la relación esfuerzo-recompensa y la sensación de autoeficacia casi siempre te salga a cobrar, no a devolver. Eso y aprender, que como en esto de la escalada siempre hay actividades o vías más complejas o difíciles, es casi infinito y perseguir lo cuasi-imposible o infinito es la más alta motivación que para muchas personas puede existir.
Coordinador de Climbinglaboratori. CCAFD. Investigador en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte: Rendimiento y Prevención de Lesiones en Escalada Deportiva. Director Técnico y Deportivo del Club de Escalada y Montaña Los Mallos.
